Maratón de Madrid. 42 kilómetros de ilusiones

2016 terminó de manera agridulce en cuanto a resultados deportivos se refiere, una tónica que no veía mejorar en un futuro cercano. Carente de objetivos ilusionantes cercanos. Debía tomar cartas en el asunto y redireccionar mis zancadas hacia una meta. El 1 de Enero me levanté y puse las miras en el Maratón de Madrid. Pero las cosas en los meses siguientes no acompañaron demasiado y los sinsabores se prodigaron más que las alegrías. Tras tantos años de kilómetros en mis piernas, reconozco mi cansancio, tanto físico como mental, decidí que correr no me podía suponer más disgustos innecesarios. Es por ello que quise enfocar la distancia de Filípides sin exigencias, sólo con las ganas de vivir y disfrutar de cruzar la meta en la ciudad que me vió nacer y crecer.

El entrenamiento de estos meses ha sido todo lo contrario al de otras ocasiones donde el reloj, los ritmos, el sufrimiento marcaban el día a día de la preparación. Esta vez, me he olvidado de esa lucha conmigo misma y me he centrado en disfrutar en cada sesión. Con menos kilómetros e intensidad de lo habitual. Llegaba a la cita capacitada para realizar  largos esfuerzos pero no suficientemente preparada para hacer frente a los 42 kilómetros.

La mañana  amanecía soleada, pero 2 nubarrones negros amenazaban mi mente. Mis preocupaciones se centraban en un dolor intenso de metatarso en los días que las sesiones se prolongaban por encima de los 15 kilómetros contínuos, que me impedía proseguir la marcha durante mucho más tiempo. Y no menos importante, la falta de saber gestionar y aguantar el sufrimiento. Era consciente que ambos temores aparecerían, no sabía cuándo ni si sabría capearlos. Por otra parte, tener a Javi a mi lado, me tranquilizaba, su compañía siempre es un aliciente para mí, me anima, guía y exige.

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Foto: Pepe Campos

Como manda los cánones de las competiciones importantes, desayunamos 3 horas antes, y aunque apuramos más de lo habitual, a las 8 de la mañana cogimos la moto y nos pusimos en camino. Aquí empezaron los contratiempos, nos encontramos la calle Bravo Murillo cortada, llegar a la salida se complicaba. Supimos mantener la calma y buscar alternativas. Breve calentamiento, y listos para afrontar los 42 kilómetros.

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Foto: Jesús Carrero

Aunque disfrutar y acabar la prueba era el objetivo que sobresalía por encima del tiempo, habíamos tomado de referencia el tope de las 3 horas para marcar el ritmo. La estrategia era subir Castellana no mucho más rápido de 4:15 el kilómetro, sabiendo que era muy posible que las primeras zancadas se dispararan algo más veloces. Luego intentar incrementar un poco el paso en los terrenos favorables y mantener el tipo en las subidas. Creo que como máquinas de precisión clavamos nuestros propósitos. Disfrutando de cada metro, sin parar de oír mi nombre en cada esquina, e incluso a muchos de los corredores que me sobrepasaban. Durante los 13 primeros kilómetros compartimos circuito con los participantes de la media, me ayudó mucho seguir la camiseta de Corre Con Nosotros de Jose Cobos, que nos paso como una exhalación en los primeros compases y luego cada vez le teníamos más cerca.

Para mí uno de los momentos más emotivos de la mañana fue vislumbrar a mis sobrinas animando, pancarta y cencerro en mano, en la zona de Gran Vía, ver correr a Ariadna por detrás del público a mi par por unos metros casi hace se me salten las lágrimas.

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Las sensaciones eran buenas, el ritmo perfecto, sólo me atormentaba mi vejiga, que pedía ser vaciada desde salida. En plaza Castilla deseché la idea de parar a silenciar mi tormento, era demasiado pronto. Hasta poco antes de la media maratón no ví los siguientes baños portátiles, momento en que hicimos una parada rápida. Ya liberada proseguimos la marcha, pero mis pies, a esas alturas ya empezaban a arder, los metatarsos sentían clavar puñales en cada apoyo. Necesitaba parar de nuevo. Nada más tomar Avenida de Valladolid me senté en la acera, me despojé de zapatillas y calcetines y me desprendí de unas almohadillas ortopédicas que me había puesto.

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En los kilómetros siguientes todo fue a peor, nos adelantó y vimos alejarse en el horizonte al globo de las 3 horas. Hasta esos compases, aunque de manera anecdótica, seguía liderando la prueba popular en categoría femenina, pero al entrar en la Casa de Campo, perdí también esa posición. Me hundí física y moralmente, las ganas de abandonar eran cada vez más fuertes y no hacía más que preguntar a Javi cuando nos parábamos. El me contestaba: en el lago. Lo rodeamos, nos alejamos, y volvimos a el, pero no nos deteníamos. A míster duatlón, parar en el 24 le pasó factura muscularmente, la salida de la Casa de Campo fue crucial para él, un calvario para sus cuadríceps. Yo daba por hecho que mi aventura iba a finalizar, por lo que le pedí no siguiera sufriendo. Por inercia y los ánimos de mis hermanas, Amaya y Yolanda, acompañadas por Irene, seguí mi marcha, mis propósitos se cernían en avanzar kilómetro a kilómetro.

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Nuevo plan de acción: Tenía que lidiar con el segundo gran temor, la falta de entrenamiento del sufrimiento. Descontar metros, fragmentar lo que me quedaba, corriendo entre los avituallamientos y andando al llegar a ellos mientras me hidrataba correctamente, sin prisas ni sobresaltos. Sólo pensaba en ver a mis sobrinas por segunda vez, necesitaba sentir sus ánimos, la única energía capaz de resucitarme en esos momentos, y aunque estaban, no las ví. Recuerdo los ánimos de Manolo, Fran, Gándara, de los Drinkingrunners, con mis chicas Marta, María y Raquel, gritando como si no hubiera un mañana. Y seguir avanzando poco a poco hasta la meta. Cuando enfilé Príncipe de Vergara supe que lo conseguiría, de repente, como si se tratara de un último aliento, mis piernas volvieron a carburar, no era un ritmo frenético, pero sí mayor que los pasados.

Un pie en El Retiro, un kilómetro para acariciar mi momento de gloria personal. Alcanzar un sueño hecho realidad gracias a todos los que alimentasteis mi esfuerzo, acompañasteis en el sufrimiento y aguantasteis mis dudas en este día y los que precedieron. Crucé la meta de la 40º edición del maratón de Madrid en 3 horas 7 minutos 56 segundos. Anecdóticamente fui la octava de la general, segunda europea y primera española y madrileña. Pero sobre todo feliz de haber conseguido terminar venciéndome a mí misma.

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Running Terapia

A estas alturas de nuestra existencia, de toda la información que recibimos, es por todos conocidos los beneficios de la actividad física. Nadie pone en duda el poder de prevención del ejercicio sobre determinadas patologías. Pero más allá de la profilaxis está también la fuerza terapéutica del movimiento. Que lo diga yo que llevo más de 20 años corriendo puede restar credibilidad a mis palabras, para que ello no suceda, he pedido a la médico Paloma Cano y a la psicóloga Ingrid Pistono nos hablen del ejercicio como terapia o como digo yo: #RunningTerapia.

Ambas especialistas coinciden en resaltar las funciones de las endorfinas segregadas en el ejercicio. Tanto es así que Paloma nos cuenta como “estas sustancias químicas intervienen en el control del dolor. A la vez que favorecen el estado de ánimo, por lo que son especialmente beneficiosas en personas con depresión y ansiedad.  

Por otra parte, correr es un fantástico aliado para el control del peso ya que tiene una relación directa con la insulina, hormona protagonista en la regulación de la glucosa y de la ganancia de peso. También actúa disminuyendo la presión arterial y aumentando el HDL, que es el colesterol bueno y, por tanto, actuando sobre los factores de riesgo cardiovascular. Tanto es así que se ha publicado un estudio donde han comparado las coronarias de mujeres que corren maratones frente a las que no realizan ejercicio y se demuestra claramente, que las arterias de las mujeres que corren tienen menos placas de colesterol. A nivel del corazón aumenta el tamaño de los ventrículos y de las aurículas, y también hace que nuestras arterias coronarias sean más numerosas, favoreciendo el riego del corazón.

¿Y qué ocurre con nuestros huesos?  Al correr aumenta la densidad de nuestros huesos y por lo tanto se fortalecen,  disminuyendo el riesgo de osteoporosis. Este beneficio se ve aumentado en deportes de impacto estando a la cabeza el judo y el running”.

Vía @72kilos

Foto vía @72kilos

A Ingrid le pedí me diera su punto de vista de psicóloga, aunque ella insiste que las mejoras son generales porque estadio físico y psíquico son inseparables. Y añade, que: el deporte en general es motivo de liberación, de generación de endorfinas y nos ayuda a sentirnos mejor. Salir a correr reduce el estrés, mientras rodamos liberamos tensiones, la respiración acompasada nos ayuda a calmarnos, al concentramos en nuestros pasos, la mente se relaja y podemos pensar de manera más objetiva.

Corriendo nuestro ánimo mejora y somos capaces de ver más opciones para tratar de resolver las situaciones del día a día. Una salida de media hora, ayuda a mejorar nuestro estado físico pero también es un tiempo que nos concedemos para cuidarnos y para reflexionar.

vía Revista run online

vía Revista run online

Al correr aliviamos la fatiga mental, si lo hacemos con regularidad, también incrementará nuestra autoestima. No es necesario conseguir un cuerpo perfectamente definido, la rutina mejorará nuestra apariencia y también nos hará más fuertes. Nos sentiremos mejor y tendremos una percepción más positiva sobre nuestra imagen”.

Hace muchos años, tuve un entrenador – Jose Luis Calvo – al que “lloriqueaba” cada mes con mis dolores menstruales, él muy tajante e inamovible en sus mandatos me decía: “ponte a correr, que cuando lleves un rato ya te dolerá otra cosa” y lo cierto es que funcionaba; el movimiento era un perfecto analgésico para mis ovarios, tal vez, como ha explicado Paloma por la intervención sobre el dolor de las endorfinas.

Por eso, y porqué cuando salgo a correr con preocupaciones, parece que las pierdo según avanzan los kilómetros he acuñado el término de #RunningTerapia que a tenor de lo que nos cuentan las expertas tiene su base científica. Ahora, si te preguntan por qué corres, puedes añadir a tu lista de explicaciones: es mi medicina.

Nena, ponte crema

Nena ponte crema” Decía y repetía mi abuela, durante los 2 meses de verano de mi infancia y adolescencia que nos pasábamos en la playa. Cómo es lógico, cuanto más pequeña era, más también mi obediencia, pero según crecía aquella retahíla de recomendaciones y advertencias pasaban como el viento por mis oídos. Las ganas de estar bien bronceada vencían a todos los consejos. Y es que, por descontado, pertenezco a esa generación que creció, por extraño que parezca ahora, sin internet ni redes sociales, y lo que ordenaba mi abuela o madre, si bien, en un tiempo era de indiscutible cumplimiento, con los años le fui restando importancia. No había, o no recuerdo, tantas campañas, ni información, acerca de los peligros del sol. Pero eso, hoy en día ha cambiado y casi podría decir que el que se quema por exponerse, premeditadamente, al sol, es porque quiere.

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Foto: TomTomSpain

Sufrir bajo el sol

Los deportistas “outdoor” somos lo más parecido a los amantes del bronceado tumbados al sol. Obviamente, no por la actividad física que nos separa, pero sí por la exposición prolongada que hacemos bajo la radiación solar. Corredores, ciclistas, triatletas, surfistas, podemos pasar horas expuestos al astro rey, luchando con todo nuestro esfuerzo por superarnos, pero, a menudo, olvidamos defendernos de una de nuestras grandes amenazas: la probabilidad de sufrir melanoma. No es por alarmar, pero será casualidad, o no, ya son varios los casos de deportistas profesionales, que afortunadamente, han superado con éxito un cáncer de piel en los últimos años.

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Fotoprotección, cápsulas y prendas.

Elegir la barrera protectora contra el sol depende de muchos factores, el tipo de piel, la zona a aplicar, el momento o la actividad que se va a realizar. El tipo de piel determinará el SPF recomendable, cuánto más clara sea la piel mayor será el SPF a emplear. Tampoco es lo mismo tumbarse o pasear por la ciudad que hacer deporte, o sumergirse bajo el mar. Para la primera opción nos valdría con que se adecuara a nuestro tipo de piel, en la segunda alternativa, la textura y absorción es de crucial importancia, mientras que para el agua necesitaremos un fotoprotector que sea resistente al agua o waterprof. Pero tampoco utilizo el mismo solar para cara que para cuerpo. Por varios motivos, el que empleo a menudo para el rostro es algo más denso pero más completo, me ofrece protección frente radiaciones UVA, UVB, infrarrojo y visible, pero a la vez neutraliza los radicales libres gracias a un complejo superantioxidante, que repara los daños en el ADN y actúa como antiedad. El fotoprotector del cuerpo es un spray súper ligero de muy fácil aplicación. Particularmente, recurro siempre a los productos de Heliocare, su trabajo de constante investigación me dan gran confianza dermatológica. Por otra parte, podemos aumentar, que no sustituir nuestra barrera a través de cápsulas tomadas por vía oral.

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Heliocare color. Foto: una periodista en zapatillas

Si no puedes fotoprotegerte, lo mejor es, en la medida de lo posible, taparse. Probablemente, si vas a hacer surf, sup, u otras actividades acuáticas no puedas re-aplicarte la crema solar tantas veces, o con la asiduidad que debieras, utilizar prendas como filtro protector es otra sencilla alternativa. Cada vez las marcas piensan más en la comodidad y cuidado del usuario. Bonh Barcelona se postula como una firma que hace del deporte un estilo de vida, y como tal, incide en los beneficios saludables. Disponen de bañadores o camisetas coloridas con manga larga para disfrutar sin amenazas de la actividad bajo el sol.

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Parafraseando a las campañas de concienciación de Heliocare: ¡Tómatelo en serio! Y haz de tus placeres deportivos una actividad fotoprotegida.

Kinvara 7, la polivalencia a tus pies

¿Qué zapatillas utilizas? ¿Qué modelo me recomiendas? Son 2 preguntas que muchos me hacéis. Tan frecuentes como aparentemente sencillas, y sin embargo, sin una única respuesta. Son muchas o varias las deportivas que empleo en el entrenamiento, ya sea durante una preparación o incluso en la misma sesión. Entre todas, cada modelo responde a unas características que me sirven para diversos objetivos. Unas son las zapatillas de rodaje, otras para los kilómetros más rápidos, las de competición aparte, casi para cada distancia y terreno: cross, pista, 10.000 metros o inferiores, media maratón hacia arriba o trail.

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Comodidad y ligereza. Saucony Kinvara7

Pero, si me tuviera que quedar con un sólo modelo, lo tendría claro: Las Saucony Kinvara. Con ellas soy capaz, tanto de correr una media maratón, como de hacer tiradas largas de 30 kilómetros o volar a ritmos cercanos a los 3 minutos los mil metros. Es sin duda la zapatilla polivalente por excelencia para casi todo tipo de distancias y velocidades.

Para mí, es una de las joyas de la multinacional americana. Que poco a poco, y aunque parezca casi imposible de mejorar, incorporan nuevos detalles en esta séptima edición.

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Tendencia al Natural running

Las Saucony Kinvara, vienen pisando fuerte desde 2010, se considera una zapatilla neutra que tiende al natural running, porque favorece el apoyo de metatarso. Acompañado de un drop de 4 milímetros. Por la combinación de comodidad y ligereza, menos de 200 gramos para el modelo femenino, surge su distintivo de polivanlencia.

Las Kinvara7, al igual que Triumph ISO o Guide, se suman a la tecnología EVENRUN que proporciona amortiguación contínua y a la vez mayor reactividad que los modelos anteriores. La parte superior, también suma novedades como la elegancia del Flex-Film que elimina las costuras y mejora tanto el ajuste como la transpiración.

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Flexible y con un diseño elegante

Mis rodajes, entrenamientos intensos o competiciones llevan la huella kinvara.

Desde la barrera

La tragedia vuelve a teñir de carmín las zancadas sobre el asfalto. El sufrimiento se torna en profundo dolor por la pérdida de 2 de los nuestros mientras materializaban su pasión. Francisco y Juan se despidieron de nosotros con las zapatillas puestas.

En estos momentos, todos tratan de encontrar una explicación a tan siniestro desenlace. Se plantea la necesidad y obligatoriedad de un reconocimiento médico. Y si bien, también lo veo conveniente, creo que este no es la fórmula magistral para erradicar estos infortunios. Sólo una parte para minimizar los casos.

La semana pasada, aunque no corriera, no quise perderme una de las grandes fiestas atléticas de la capital, y salí a animar desde el primero al último de la Asics Media Maratón Villa de Madrid. Cerca del kilómetro 8, durante más de 40 minutos ví pasar a todos los corredores, los más diferentes ritmos de carrera, caras de satisfacción y sufrimiento, seguramente, cerca, o más de 60 años de diferencia entre el más joven y el más longevo de los participantes. Hombres, mujeres, expertos o iniciados persiguiendo la meta.MMMadrid2016

Mi asombro fue observar a algunos runners caminando sin tan siquiera haber alcanzado la mitad de la prueba. Se podría pensar que, quizás, hubieran salido por encima de sus posibilidades y lo estuvieran pagando a esas alturas de la carrera. A mí, no me dio esa sensación. Valga por delante que no trato de juzgar el esfuerzo de nadie. Sólo valorar si esas personas estaban realmente preparadas para correr 21 kilómetros, y aunque los pudieran acabar, pienso no habían realizado el entrenamiento adecuado para completar una media maratón.

Nos ha atrapado la vorágine del running, nos hemos subido a un tren de alta velocidad hacia la ultra distancia sin límites. Con la diferencia que la máquina no es de vapor, ni eléctrica, nuestro corazón bombea con más calma que nuestro inconsciente, (sí inconsciente, más que subconsciente) insaciable de nuevos retos. El organismo necesita su tiempo de preparación, no son días, ni meses, puede que requiramos años de trabajo para enfrentarse a distancias mayores. Al igual que la recuperación, precisamos dar descanso al cuerpo tras tan exhaustos esfuerzos.

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No podremos saber los motivos de tales pérdidas, quizás, tristemente, puede que nunca consigamos erradicar el 100% de los sucesos, pero sí poner de nuestra parte para que sigan disminuyendo.

Un fuerte abrazo a familiares, amigos y compañeros de Francisco y Juan.

24 horas después del maratón

Han pasado 24 horas, al menos eso dice el reloj, porqué a mi me parece que ha transcurrido una eternidad, desde que ayer me enfrentara a la distancia que, el bueno del soldado Filípides, tuviera a bien instaurar para la Historia.

Todo mi cuerpo da cuenta que ayer peleó en una árdua contienda. Camino con dificultad, merced a la gran ampolla del pie izquierdo, casi ni puedo calzarme las zapatillas, el roce de las, al menos 2, uñas dañadas me hace porfiar bajito en cada paso. Necesito liberar la tensión del hematoma que se ha formado debajo de estas. Es previsible y poco evitable que con el tiempo las termine perdiendo, aunque antes adopten un color amoratado muy característico.

Cuadriceps, isquios, glúteos, sóleo, gemelos, creo no hay ni un sólo músculo que al contraerse no proteste del exceso de trabajo que sufrieron ayer. Incluso abdominales y brazos están en huelga de realizar cualquier pequeño movimiento. Y ni mucho menos hacer algo que se parezca a la carrera. Las vibraciones del impacto agitan todos los paquetes musculares, provocando una desagradable sensación sobre mis agujetas.

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Las defensas al nivel de tus fuerzas.

Importante no bajar la guardia. Y más en época invernal, donde el frío se conjura con una bajada de defensas provocada por el extenuante esfuerzo, y somos blanco fácil para gripe y demás infecciones. Como ejemplo, yo misma, pasadas apenas 48 horas de terminar el maratón de Sevilla caía en las redes de un proceso gripal que me inmovilizó durante casi una semana.

El día después.

Tu cuerpo merece la recompensa a tanto esfuerzo y sacrificio acumulado. Dáselo sin contemplaciones. No hagas nada por lo que no sientas una imperiosa necesidad. Como mucho, date un baño, nada si quieres, puedes (y sobre todo) sabes. O acude a un spa a relajarte.

Que las ganas te guíen.

Durante semanas y meses hemos cumplido meticulosamente el plan establecido. Al igual que nuestro cuerpo, la mente necesita un kit-kat. La liberación de hacer lo que plazca sin pensar en lo que se le ordena y manda. Aunque siempre dentro de un orden. Es mejor cualquier actividad sin impacto que corretear sin descanso.

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Consejos doy que para mi no tengo.

No tengas prisa en volver a lucir dorsal. Aunque la euforia del momento nos lleve a sentir recuperados, no es cierto. Todo el desgaste al que hemos sometido al organismo requiere la consiguiente recuperación. No obstante, y salvo casos aislados, como compromisos con el equipo se puede saltar esta norma.

Punto y aparte.

Tras los, al menos, 10 días de descanso total o intercalado con alguna suave sesión alternativa. Comienza a correr de cero y de forma progresiva. Si buscamos tener una longeva vida deportiva, es necesario bajar un par de peldaños en nuestro estado de forma para poco a poco subir 3.

No hay recetas únicas ni universales, el secreto de una buena recuperación está en uno mismo. Mi consejo, deja que tus ganas te guíen.

Va por ústedes

Tras varios meses de esfuerzo, muchos kilómetros acumulados, alguna que otra molestia, ciertos temores, pero infinitas ganas, llegaba el día de enfrentarse a los 42,195 metros del Maratón de Sevilla. Lejos de mi horizonte el objetivo de la mínima olímpica, las preseas del campeonato de España y tan siquiera mejorar marca. El plan estaba claro: ser cauta para intentar completar el maratón en el menor tiempo posible.

Creo tenía todo de mí parte. En el camino del soldado Filípides estaría escoltada por los mejores caballeros para tal batalla: Pablo Villalobos, cuñado y contrastado maratoniano. Y Javi García, mi otra mitad y el mejor duatleta de la historia. Amaya, con mis sobris repartiría los ánimos por todo el recorrido, al igual que Manolo y Gema, mis chicos aventureros de CorreConNosotros que hiper madrugaron para coger el AVE ese mismo día y llegar en el momento justo. Irene, Raquel y muchos otros amigos también me pegarían gritos en varios puntos.

(vídeo de los ánimos durante el recorrido)

Poco antes de las 9:00 de la mañana ya estábamos preparados bajo el arco de salida para lo que se preveía fuera una extenuante jornada. Desde el inicio, intentamos mantener un ritmo constante, con cuidado no fuera demasiado rápido. Pronto, formamos un grupo numeroso, en el que en todo momento fui arropada por mis caballeros y otros corredores. Los kilómetros pasaban con relativa comodidad. Hasta que, alrededor de la mitad de la prueba, comencé a disminuir la velocidad. Demasiado pronto para estar en apuros pensé.

La tentación pasó cerca.

Sentía que si quería llegar a meta el único recurso era aminorar la marcha, pero Javi y Pablo se resistían a ello y no dejaban de alentarme para que siguiera mi ritmo. En las inmediaciones del kilómetro 30 se encontraba el hotel en el que estuvimos alojados. Creo que, ni por un segundo, dudé quedarme en él, lo único que me asustaba era que Javi lo hiciera. Sus intenciones eran acompañarme hasta donde sus fuerzas le permitieran, previsiblemente, no más allá de ese lugar. Pero para mi tranquilidad, y asombro, continuó a mi lado.

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Deterneme que no retirarme.

No podía seguir corriendo. Mis piernas querían parar y yo también. Intenté engañar y complacer a mis deseos, planeé andar en los avituallamientos, aprovechar el momento para hidratarme y descansar. Pero sólo pude cumplirlo en el kilómetro 32, luego volví a caminar en el 36 y el 39. Crucé el puente Barqueta con las fuerzas justas, pero, unos metros más allá, donde apenas había público, divisé a lo lejos a Amaya con mis sobris. Oí alto, claro y con mucha fuerza como Ariadna me gritaba: “Corre Tamara, corrre!”. Ya no había opción a más paradas, tenía que sacar energía, de donde no había, para cruzar la meta. Por mis sobris y por todos los que han estado a mi lado, Javi y Pablo, que contra pronóstico se metieron en las piernas 42,195 metros para no abandonarme, mi club, patrocinadores y organización.

http://www.corriendovoy.com/atletismo/159130/zurich-maraton-de-sevilla-2016 (entrada a meta by http://www.corriendovoy.es)

No conseguí mi objetivo, pero cumplí un sueño. Cruzar la meta con Javi era algo que venía soñando hace tiempo. Quería pensar que esta podía ser la ocasión, pero sabía era prácticamente imposible que sucediera. Todo el sufrimiento se transformó en emoción cuando, de la mano, brazos en alto pasamos por debajo del arco. La maratón puede ser ingrata, pero acabarla siempre sabe a gloria.

Enhorabuena a todos los que vieron recompensado el esfuerzo, a los atletas que consiguieron pasaporte a los Juegos Olímpicos, a los que subieron al podium del campeonato de España y en general a todos los que cruzaron la meta.

Gracias a tod@s por acompañarme y estar a mi lado. Pronto más (y mejor).