Maratón de Madrid. 42 kilómetros de ilusiones

2016 terminó de manera agridulce en cuanto a resultados deportivos se refiere, una tónica que no veía mejorar en un futuro cercano. Carente de objetivos ilusionantes cercanos. Debía tomar cartas en el asunto y redireccionar mis zancadas hacia una meta. El 1 de Enero me levanté y puse las miras en el Maratón de Madrid. Pero las cosas en los meses siguientes no acompañaron demasiado y los sinsabores se prodigaron más que las alegrías. Tras tantos años de kilómetros en mis piernas, reconozco mi cansancio, tanto físico como mental, decidí que correr no me podía suponer más disgustos innecesarios. Es por ello que quise enfocar la distancia de Filípides sin exigencias, sólo con las ganas de vivir y disfrutar de cruzar la meta en la ciudad que me vió nacer y crecer.

El entrenamiento de estos meses ha sido todo lo contrario al de otras ocasiones donde el reloj, los ritmos, el sufrimiento marcaban el día a día de la preparación. Esta vez, me he olvidado de esa lucha conmigo misma y me he centrado en disfrutar en cada sesión. Con menos kilómetros e intensidad de lo habitual. Llegaba a la cita capacitada para realizar  largos esfuerzos pero no suficientemente preparada para hacer frente a los 42 kilómetros.

La mañana  amanecía soleada, pero 2 nubarrones negros amenazaban mi mente. Mis preocupaciones se centraban en un dolor intenso de metatarso en los días que las sesiones se prolongaban por encima de los 15 kilómetros contínuos, que me impedía proseguir la marcha durante mucho más tiempo. Y no menos importante, la falta de saber gestionar y aguantar el sufrimiento. Era consciente que ambos temores aparecerían, no sabía cuándo ni si sabría capearlos. Por otra parte, tener a Javi a mi lado, me tranquilizaba, su compañía siempre es un aliciente para mí, me anima, guía y exige.

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Foto: Pepe Campos

Como manda los cánones de las competiciones importantes, desayunamos 3 horas antes, y aunque apuramos más de lo habitual, a las 8 de la mañana cogimos la moto y nos pusimos en camino. Aquí empezaron los contratiempos, nos encontramos la calle Bravo Murillo cortada, llegar a la salida se complicaba. Supimos mantener la calma y buscar alternativas. Breve calentamiento, y listos para afrontar los 42 kilómetros.

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Foto: Jesús Carrero

Aunque disfrutar y acabar la prueba era el objetivo que sobresalía por encima del tiempo, habíamos tomado de referencia el tope de las 3 horas para marcar el ritmo. La estrategia era subir Castellana no mucho más rápido de 4:15 el kilómetro, sabiendo que era muy posible que las primeras zancadas se dispararan algo más veloces. Luego intentar incrementar un poco el paso en los terrenos favorables y mantener el tipo en las subidas. Creo que como máquinas de precisión clavamos nuestros propósitos. Disfrutando de cada metro, sin parar de oír mi nombre en cada esquina, e incluso a muchos de los corredores que me sobrepasaban. Durante los 13 primeros kilómetros compartimos circuito con los participantes de la media, me ayudó mucho seguir la camiseta de Corre Con Nosotros de Jose Cobos, que nos paso como una exhalación en los primeros compases y luego cada vez le teníamos más cerca.

Para mí uno de los momentos más emotivos de la mañana fue vislumbrar a mis sobrinas animando, pancarta y cencerro en mano, en la zona de Gran Vía, ver correr a Ariadna por detrás del público a mi par por unos metros casi hace se me salten las lágrimas.

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Las sensaciones eran buenas, el ritmo perfecto, sólo me atormentaba mi vejiga, que pedía ser vaciada desde salida. En plaza Castilla deseché la idea de parar a silenciar mi tormento, era demasiado pronto. Hasta poco antes de la media maratón no ví los siguientes baños portátiles, momento en que hicimos una parada rápida. Ya liberada proseguimos la marcha, pero mis pies, a esas alturas ya empezaban a arder, los metatarsos sentían clavar puñales en cada apoyo. Necesitaba parar de nuevo. Nada más tomar Avenida de Valladolid me senté en la acera, me despojé de zapatillas y calcetines y me desprendí de unas almohadillas ortopédicas que me había puesto.

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En los kilómetros siguientes todo fue a peor, nos adelantó y vimos alejarse en el horizonte al globo de las 3 horas. Hasta esos compases, aunque de manera anecdótica, seguía liderando la prueba popular en categoría femenina, pero al entrar en la Casa de Campo, perdí también esa posición. Me hundí física y moralmente, las ganas de abandonar eran cada vez más fuertes y no hacía más que preguntar a Javi cuando nos parábamos. El me contestaba: en el lago. Lo rodeamos, nos alejamos, y volvimos a el, pero no nos deteníamos. A míster duatlón, parar en el 24 le pasó factura muscularmente, la salida de la Casa de Campo fue crucial para él, un calvario para sus cuadríceps. Yo daba por hecho que mi aventura iba a finalizar, por lo que le pedí no siguiera sufriendo. Por inercia y los ánimos de mis hermanas, Amaya y Yolanda, acompañadas por Irene, seguí mi marcha, mis propósitos se cernían en avanzar kilómetro a kilómetro.

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Nuevo plan de acción: Tenía que lidiar con el segundo gran temor, la falta de entrenamiento del sufrimiento. Descontar metros, fragmentar lo que me quedaba, corriendo entre los avituallamientos y andando al llegar a ellos mientras me hidrataba correctamente, sin prisas ni sobresaltos. Sólo pensaba en ver a mis sobrinas por segunda vez, necesitaba sentir sus ánimos, la única energía capaz de resucitarme en esos momentos, y aunque estaban, no las ví. Recuerdo los ánimos de Manolo, Fran, Gándara, de los Drinkingrunners, con mis chicas Marta, María y Raquel, gritando como si no hubiera un mañana. Y seguir avanzando poco a poco hasta la meta. Cuando enfilé Príncipe de Vergara supe que lo conseguiría, de repente, como si se tratara de un último aliento, mis piernas volvieron a carburar, no era un ritmo frenético, pero sí mayor que los pasados.

Un pie en El Retiro, un kilómetro para acariciar mi momento de gloria personal. Alcanzar un sueño hecho realidad gracias a todos los que alimentasteis mi esfuerzo, acompañasteis en el sufrimiento y aguantasteis mis dudas en este día y los que precedieron. Crucé la meta de la 40º edición del maratón de Madrid en 3 horas 7 minutos 56 segundos. Anecdóticamente fui la octava de la general, segunda europea y primera española y madrileña. Pero sobre todo feliz de haber conseguido terminar venciéndome a mí misma.

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Desde la barrera

La tragedia vuelve a teñir de carmín las zancadas sobre el asfalto. El sufrimiento se torna en profundo dolor por la pérdida de 2 de los nuestros mientras materializaban su pasión. Francisco y Juan se despidieron de nosotros con las zapatillas puestas.

En estos momentos, todos tratan de encontrar una explicación a tan siniestro desenlace. Se plantea la necesidad y obligatoriedad de un reconocimiento médico. Y si bien, también lo veo conveniente, creo que este no es la fórmula magistral para erradicar estos infortunios. Sólo una parte para minimizar los casos.

La semana pasada, aunque no corriera, no quise perderme una de las grandes fiestas atléticas de la capital, y salí a animar desde el primero al último de la Asics Media Maratón Villa de Madrid. Cerca del kilómetro 8, durante más de 40 minutos ví pasar a todos los corredores, los más diferentes ritmos de carrera, caras de satisfacción y sufrimiento, seguramente, cerca, o más de 60 años de diferencia entre el más joven y el más longevo de los participantes. Hombres, mujeres, expertos o iniciados persiguiendo la meta.MMMadrid2016

Mi asombro fue observar a algunos runners caminando sin tan siquiera haber alcanzado la mitad de la prueba. Se podría pensar que, quizás, hubieran salido por encima de sus posibilidades y lo estuvieran pagando a esas alturas de la carrera. A mí, no me dio esa sensación. Valga por delante que no trato de juzgar el esfuerzo de nadie. Sólo valorar si esas personas estaban realmente preparadas para correr 21 kilómetros, y aunque los pudieran acabar, pienso no habían realizado el entrenamiento adecuado para completar una media maratón.

Nos ha atrapado la vorágine del running, nos hemos subido a un tren de alta velocidad hacia la ultra distancia sin límites. Con la diferencia que la máquina no es de vapor, ni eléctrica, nuestro corazón bombea con más calma que nuestro inconsciente, (sí inconsciente, más que subconsciente) insaciable de nuevos retos. El organismo necesita su tiempo de preparación, no son días, ni meses, puede que requiramos años de trabajo para enfrentarse a distancias mayores. Al igual que la recuperación, precisamos dar descanso al cuerpo tras tan exhaustos esfuerzos.

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No podremos saber los motivos de tales pérdidas, quizás, tristemente, puede que nunca consigamos erradicar el 100% de los sucesos, pero sí poner de nuestra parte para que sigan disminuyendo.

Un fuerte abrazo a familiares, amigos y compañeros de Francisco y Juan.

24 horas después del maratón

Han pasado 24 horas, al menos eso dice el reloj, porqué a mi me parece que ha transcurrido una eternidad, desde que ayer me enfrentara a la distancia que, el bueno del soldado Filípides, tuviera a bien instaurar para la Historia.

Todo mi cuerpo da cuenta que ayer peleó en una árdua contienda. Camino con dificultad, merced a la gran ampolla del pie izquierdo, casi ni puedo calzarme las zapatillas, el roce de las, al menos 2, uñas dañadas me hace porfiar bajito en cada paso. Necesito liberar la tensión del hematoma que se ha formado debajo de estas. Es previsible y poco evitable que con el tiempo las termine perdiendo, aunque antes adopten un color amoratado muy característico.

Cuadriceps, isquios, glúteos, sóleo, gemelos, creo no hay ni un sólo músculo que al contraerse no proteste del exceso de trabajo que sufrieron ayer. Incluso abdominales y brazos están en huelga de realizar cualquier pequeño movimiento. Y ni mucho menos hacer algo que se parezca a la carrera. Las vibraciones del impacto agitan todos los paquetes musculares, provocando una desagradable sensación sobre mis agujetas.

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Las defensas al nivel de tus fuerzas.

Importante no bajar la guardia. Y más en época invernal, donde el frío se conjura con una bajada de defensas provocada por el extenuante esfuerzo, y somos blanco fácil para gripe y demás infecciones. Como ejemplo, yo misma, pasadas apenas 48 horas de terminar el maratón de Sevilla caía en las redes de un proceso gripal que me inmovilizó durante casi una semana.

El día después.

Tu cuerpo merece la recompensa a tanto esfuerzo y sacrificio acumulado. Dáselo sin contemplaciones. No hagas nada por lo que no sientas una imperiosa necesidad. Como mucho, date un baño, nada si quieres, puedes (y sobre todo) sabes. O acude a un spa a relajarte.

Que las ganas te guíen.

Durante semanas y meses hemos cumplido meticulosamente el plan establecido. Al igual que nuestro cuerpo, la mente necesita un kit-kat. La liberación de hacer lo que plazca sin pensar en lo que se le ordena y manda. Aunque siempre dentro de un orden. Es mejor cualquier actividad sin impacto que corretear sin descanso.

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Consejos doy que para mi no tengo.

No tengas prisa en volver a lucir dorsal. Aunque la euforia del momento nos lleve a sentir recuperados, no es cierto. Todo el desgaste al que hemos sometido al organismo requiere la consiguiente recuperación. No obstante, y salvo casos aislados, como compromisos con el equipo se puede saltar esta norma.

Punto y aparte.

Tras los, al menos, 10 días de descanso total o intercalado con alguna suave sesión alternativa. Comienza a correr de cero y de forma progresiva. Si buscamos tener una longeva vida deportiva, es necesario bajar un par de peldaños en nuestro estado de forma para poco a poco subir 3.

No hay recetas únicas ni universales, el secreto de una buena recuperación está en uno mismo. Mi consejo, deja que tus ganas te guíen.

Va por ústedes

Tras varios meses de esfuerzo, muchos kilómetros acumulados, alguna que otra molestia, ciertos temores, pero infinitas ganas, llegaba el día de enfrentarse a los 42,195 metros del Maratón de Sevilla. Lejos de mi horizonte el objetivo de la mínima olímpica, las preseas del campeonato de España y tan siquiera mejorar marca. El plan estaba claro: ser cauta para intentar completar el maratón en el menor tiempo posible.

Creo tenía todo de mí parte. En el camino del soldado Filípides estaría escoltada por los mejores caballeros para tal batalla: Pablo Villalobos, cuñado y contrastado maratoniano. Y Javi García, mi otra mitad y el mejor duatleta de la historia. Amaya, con mis sobris repartiría los ánimos por todo el recorrido, al igual que Manolo y Gema, mis chicos aventureros de CorreConNosotros que hiper madrugaron para coger el AVE ese mismo día y llegar en el momento justo. Irene, Raquel y muchos otros amigos también me pegarían gritos en varios puntos.

(vídeo de los ánimos durante el recorrido)

Poco antes de las 9:00 de la mañana ya estábamos preparados bajo el arco de salida para lo que se preveía fuera una extenuante jornada. Desde el inicio, intentamos mantener un ritmo constante, con cuidado no fuera demasiado rápido. Pronto, formamos un grupo numeroso, en el que en todo momento fui arropada por mis caballeros y otros corredores. Los kilómetros pasaban con relativa comodidad. Hasta que, alrededor de la mitad de la prueba, comencé a disminuir la velocidad. Demasiado pronto para estar en apuros pensé.

La tentación pasó cerca.

Sentía que si quería llegar a meta el único recurso era aminorar la marcha, pero Javi y Pablo se resistían a ello y no dejaban de alentarme para que siguiera mi ritmo. En las inmediaciones del kilómetro 30 se encontraba el hotel en el que estuvimos alojados. Creo que, ni por un segundo, dudé quedarme en él, lo único que me asustaba era que Javi lo hiciera. Sus intenciones eran acompañarme hasta donde sus fuerzas le permitieran, previsiblemente, no más allá de ese lugar. Pero para mi tranquilidad, y asombro, continuó a mi lado.

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Deterneme que no retirarme.

No podía seguir corriendo. Mis piernas querían parar y yo también. Intenté engañar y complacer a mis deseos, planeé andar en los avituallamientos, aprovechar el momento para hidratarme y descansar. Pero sólo pude cumplirlo en el kilómetro 32, luego volví a caminar en el 36 y el 39. Crucé el puente Barqueta con las fuerzas justas, pero, unos metros más allá, donde apenas había público, divisé a lo lejos a Amaya con mis sobris. Oí alto, claro y con mucha fuerza como Ariadna me gritaba: “Corre Tamara, corrre!”. Ya no había opción a más paradas, tenía que sacar energía, de donde no había, para cruzar la meta. Por mis sobris y por todos los que han estado a mi lado, Javi y Pablo, que contra pronóstico se metieron en las piernas 42,195 metros para no abandonarme, mi club, patrocinadores y organización.

http://www.corriendovoy.com/atletismo/159130/zurich-maraton-de-sevilla-2016 (entrada a meta by http://www.corriendovoy.es)

No conseguí mi objetivo, pero cumplí un sueño. Cruzar la meta con Javi era algo que venía soñando hace tiempo. Quería pensar que esta podía ser la ocasión, pero sabía era prácticamente imposible que sucediera. Todo el sufrimiento se transformó en emoción cuando, de la mano, brazos en alto pasamos por debajo del arco. La maratón puede ser ingrata, pero acabarla siempre sabe a gloria.

Enhorabuena a todos los que vieron recompensado el esfuerzo, a los atletas que consiguieron pasaporte a los Juegos Olímpicos, a los que subieron al podium del campeonato de España y en general a todos los que cruzaron la meta.

Gracias a tod@s por acompañarme y estar a mi lado. Pronto más (y mejor).

42mil gracias

Al maratón sólo le puedo agradecer todo lo que generosamente me aporta.

Gracias, por hacerme sufrir, empujarme día a día, pese al cansancio, el frío o las fiestas de guardar a entrenar un kilómetro más. Sé que cada metro cuenta y es uno menos hacia la meta. Mis piernas, doloridas, han aguantado valientemente el discurrir por interminables senderos, carreteras hacia una misma dirección: conseguir superarme a mí misma.

A veces, la maratón la corre uno, pero en la sombra, en cada esquina o en muchos de los entrenamientos, son muchos los que animan, ayudan o muestran su apoyo incondicional. Los nombraría a todos y me dejaría alguno. Gracias a mi madre, Yoli, Óscar, Pablo, Amaya; a mis chicos y chicas de Corre Con Nosotros, que están pendientes de mí e incluso viajarán a Sevilla para que, por una vez, sean ellos los que me den gritos de ánimos.

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Y como no a Javi, mi ángel y también mi demonio. Quien más me exige, riñe pero también me comprende y está a mi lado.

Cuando en unos días, mis pies se detengan, no sean capaces de avanzar un metro más, sólo podrá ser porque haya cruzado la meta. Entonces, tendré que de nuevo agradecer a los 42 kilómetros, haberme devuelto todo el esfuerzo que le he dedicado.

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O quizás, y espero no suceda, sea porqué no he podido seguir los pasos de Filípides y he tirado la toalla. Me acordaré pues, de los entrenamientos en los que no lo he dado todo, o no he conseguido terminar. He experimentado esa frustración anteriormente, pero aún así, tendré que agradecer, que el maratón me ha enseñado que en ocasiones es ingrato, pero siempre te da otra oportunidad para resarcirte y que la vida, por mucho que la hagamos girar en torno a nuestras ilusiones, no se acaba aquí. El arco de meta, es quizás una nueva salida.

7 días para cruzar la meta juntos

7 días, comienza la cuenta atrás y una especie de nervios y ganas se entremezclan en mi cabeza. Algunas dudas ensombrecen mis pensamientos, pero intento vencerlas con los buenos entrenamientos realizados y apartar las malas sensaciones que otros días llenaron mis kilómetros.

Tampoco pretendo engañarme, esta preparación, ha estado llena de baches, de pequeños contratiempos, que me han lastrado, pero no impedido abandonar en el empeño de cruzar la meta de la maratón de Valencia. Creo que he entrenado lo que debía y podía, quizás lo idílico hubiera sido hacerlo de otra forma, pero hay que adaptarse a las circunstancias y obligaciones, sin la más mínima queja.

Valencia 2013

Valencia 2013

Pero sin duda, si he completado este camino ha sido gracias a todos los que me han acompañado estos meses, gracias a todos quienes se han preocupado por mí, me han animado y ayudado en entrenamientos. No me cansaré nunca de agradecérselo. Intentaré corresponder sus esfuerzos con mi sufrimiento. Pero al fin y al cabo, aunque duro, es una alternativa de superación que he elegido yo.

Durante las últimas semanas a cada muestra de apoyo que recibía, recapacitaba sobre lo vital que era para mí, y a la vez, me gustaría que se transformara en algo realmente útil. Por  eso, os invito a todos aquellos que me mostráis vuestros ánimos, lo materialicemos por una buena causa. Por aquellos, que no han elegido sufrir, pero lo hacen como auténticos campeones, por quienes daríamos la vida por verles sonreír. Sí! Por los niños, valientes ante las enfermedades que nadie merece y mucho menos ellos.

Tirada Larga 1/11/14

Tirada Larga 1/11/14

Cualquier forma de colaboración es buena, pero por los proyectos e iniciativas que llevan a cabo estoy especialmente sensibilizada con el “PROYECTO CORRE” de unoentrecienmil y con JUEGATERAPIA porque igual de importante que es la investigación es darle todas las alegrías necesarias a los niñ@s peleones.

A través de una pequeña colaboración de 1,20€ podéis conseguir vuestro dorsal en el 28099 con el mensaje AYUDA CORRE y posteriormente descargar el pdf en la web – proyecto corre. Cuando lo hagáis, me gustaría me hicierais llegar vuestras fotos con el dorsal (o del dorsal solamente, para los más tímidos), a través de las RRSS o al mail correconnosotros@gmail.com antes del viernes, para intentar recopilarlas todas y guardar vuestros ánimos.

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Prometo todos mis esfuerzos para compensar vuestros ánimos.

Y ya que estamos, un click de  2 minutos que aportara 5 céntimos a la Fundación Aladina , otra pequeña ayuda para hacer más felices a los valientes que están en plena batalla en los hospitales, pero siempre con sus Sonrisas Dulces:

Unidos por la magia del maratón

Entrenar un maratón no me convierte en una super woman, no soy más resistente ni persistente que nadie. Pero cada preparación está envuelta en un halo mágico, en algo que la convierte en única, especial, y por ende yo también me dejo llevar por esos momentos de constante superación que me hacen sentir singular.

No es bueno acostumbrarse a que todo sea perfecto

Todos los esfuerzos se dirigen al objetivo, a que el día señalado el trabajo sea materializado y los sueños cumplidos. Los entrenamientos son pequeños pasos que nos acercan a la meta de los 42 kilómetros 195 metros. Cada día es una pequeña batalla contra el cansancio, al que a veces las únicas fuerzas que pueden vencer es la motivación de conquistar la mítica distancia.

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En todo este proceso, hay días buenos, regulares y malos. Porque para que salgan bien las cosas también tienen que ir mal. No es bueno acostumbrarse a que todo sea perfecto.

Se acerca mi momento, tan sólo quedan 2 semanas de la que será mi quinta maratón a la que me enfrento, aunque en realidad sea la sexta preparación realizada. No sé si seré capaz de mejorar mi registro, tampoco puedo predecir si llegaré a cruzar la meta, aunque espero y lucharé porque así suceda. La maratón es tan impredecible que las mejores previsiones tienen casi las mismas posibilidades que las peores, pero entre ambas hay una gran escala.

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Lo único que me quedo son con todos los momentos, con toda la gente que me ha apoyado, con las veces que he sido testaruda y logré vencer mi mente, y con las ocasiones en que perdí mi batalla contra el cansancio.

A lo mejor no ha sido mi mejor entrenamiento ni de cara a esta próxima cita, ni tampoco de mi vida. Pero lo que más he disfrutado estos meses ha sido como siempre de las tiradas largas que he realizado. En ambas, creo que todo el universo se confabuló para llevarme en hasta el último metro. La compañía fue insuperable en las 2 que he realizado. Y es que sentir el apoyo de los que te rodean es tan importante como corresponder con tu esfuerzo.

Tirada Larga 1/11/14

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Sólo las imágenes pueden reflejar un poco a lo que me refiero. Mil gracias a todos los que me acompañaron en esos días y en todo el camino, en especial a Javi que nos sufrimos y alegramos día tras día, Amaya, Pablo, “la tercera Sanfabio” Yoli, mi madre, Irene, Óscar, Mude, Juanma, Luis Pablo, Doc, y todos los que me arropan y se preocupan por mí, que seguro me dejo a alguien con el que he compartido kilómetros y dudas.

En cuanto a material, lo empleado en las tiradas largas ha sido:

Avituallamiento: 1 cápsula salts 226ers antes de comenzar. 1 gel 25mg cafeína disuelto en una botella de agua. Botella de sales.

Zapatillas: Kinvara 4 Saucony

Gafas: Rudy Project

Material de compresión compressport

Reloj: TomTom Cardio Multisport

Protector Solar: Heliocare Gel SPF50+