NY marathon. La felicidad difumina el cansancio

Puente Verrazano. Una mezcla de júbilo y contrariedad. Estaba entusiasmada con lo que tenía por delante y a la vez temerosa al ver las cifras que mi GPS arrojaba, una media de 4:20 los primeros compases no eran buen presagio. No era consciente del desnivel que estábamos

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pasando, ni del viento en contra que nos frenaba, sólo me tranquilizaba que pudiera ser consecuencia de no haber calentado. Cuando nos alcanzó Jose Antonio, dejé de pensar por unos instantes e intenté sonreír a cámara. Me resistía a mirar el reloj, el tiempo no me preocupaba en exceso, pero sí tenía una idea del ritmo que me gustaría rondar. Al descender el puente, los dígitos del cronómetro fueron bajando y ajustándose a lo planeado.

En Brooklyn, empezó la fiesta. De repente todo se volvió bullicio, una hilera de gente a ambos lado de la acera animando en todos los idiomas, aplaudiendo sin cesar. Te ofrecían bebida, comida, papel para secarte el sudor o incluso con carteles, te abrían la puerta de su casa para que utilizaras el baño. En esos momentos recordaba las instrucciones de quienes conocen los entresijos de la maratón de Nueva York, de no dejarse llevar por el júbilo del ambiente. Pero era imposible, cada vez corría con más ganas.

Avisados también estábamos del contraste de animación con el barrio judío. Nos habían dicho que los gritos se apagaban y llegaba el silencio. Que en ese punto la maratón pasaba con indiferencia a los ojos de sus vecinos. Pero algo está cambiando, porque aunque los decibelios bajaron ostensiblemente, allí también había muestras de aliento, los niños aplaudían y sacaban sus manos para chocar las palmas, niñas ofreciéndote caramelos.

Diviso banderas de España, nos alegra ver alguna ikurriña a la que también devolvemos el saludo, hasta que sobre la octava milla oímos los gritos inconfundibles de Pepe, Marisa y María José, junto a un grupo de españoles, que no sólo nos jalean, también nos hacen fotos.

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La hidratación y alimentación puede ser determinante en un maratón, en épocas de calor el cuerpo te pide líquido, pero cuando la temperatura refresca es fácil descuidarse. En la maratón de Nueva York ponen todo de su parte para que esto no sea un problema. Avituallamientos cada milla pasada la tercera. Yo opté por beber en puntos alternos, combinando agua con sales. Sobre el kilómetro 15, 25 y 35 tomar mis propios geles de 226ers. Javi, además de ser mi fiel compañero se preocupa de cogerme los vasos, yo sólo tengo que correr.

De los 5 barrios, por Brooklyn discurre la mayor parte de la maratón, justo la media está situada en el puente que da paso a Queens (1:23:16). Cada pasarela implica una elevación, y las cuestas no son mi fuerte. También, la ausencia de público lo complican un poquito más. Pero aún vamos con fuerzas y no nos resentimos mucho. Algo peor se me da Queensboro Bridge, un puente larguíiiisimo, diría que casi interminable, en el que los kilómetros empiezan a pesar. Con un descenso que hace daño en algunos cuádriceps, no en los míos que ven una cuesta abajo como gloria divina.

Entrada en Manhattan. La primera avenida es larguísima pero la animación se vuelve

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incesante. Estoy disfrutando tanto que el sufrimiento se difumina con la alegría. Veo de nuevo grupos de españoles, las banderas de Endeavor y me acerco a chocar las manos, oigo mi nombre y me vengo  arriba. No siento cansancio, eso y que el trazado es favorable en aquellos instantes. Otro puente nos lleva a El Bronx, por donde transcurrimos poco más de una milla. El contraste de público y arquitectura urbana es evidente.

Vuelta a Manhattan por la 5a avenida. Aquí es el único momento que me vengo un poco abajo, aunque el ritmo se ha resentido antes, mi moral flaquea cuando enfilamos por segunda vez la quinta. Siempre picando hacia arriba no veo el final de tan eterna avenida. Se me hace dura y tediosa, Javi me anima porque sabe que ve se me está atragantando ligeramente.

Por fin entramos a Central Park. Una carretera de toboganes, que si bien pican un poquito, sé que después de una subida llega la consiguiente bajada. Es en la primera de ellas, donde veo a una chica con camiseta de Big Island con la que había ido gran parte de la maratón jugando a adelantarnos alternativamente. Le digo a Javi de ir a por ella, y me insta a que lo haga yo; “Ahora te pillo” me dice. Decidida voy hacia ella, la rebaso, y al poco miro atrás en busca de míster duatlón, pero no le veo. Un español me grita que no mire atrás. Atisbo a otra mujer y me lanzo a superarla antes de llegar a Columbus.

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Veo el cartel de 800 metros. La meta está cada vez más cerca, y como no, cuesta arriba. No sé si apretar o pararme en seco. Javi no llega a mi altura y el sueño de cruzar la línea juntos se desvanece. Alzo los brazos. Lo he conseguido. 2:53:01. He de reconocer que pensé iba un pelín más rápido, el paso por los puentes pudo despistar al GPS que me marcaba un ritmo algo mejor. Pero en cualquier caso estoy súper feliz con la experiencia. Enseguida miro atrás para buscar a García que no aparece, pasados unos minutos por fin llega. Lo que yo creía eran problemas musculares fueron en realidad estomacales, pero al tener que parar también sobrevinieron los primeros. Nos queda una cuenta pendiente con Nueva York, rebasar la meta juntos.

Para terminar, agradecer a todos los que nos han acompañado en este sueño. A Campofrío por esta magnífica iniciativa, al equipo de Your First Sports encabezado por Miguel, Jaime, Carolina, Aaron y el resto de compañeros. A los valientes con los que compartí sueño, viaje y muchas risas: Jose Antonio, Roberto, Alberto, Laura, Leticia, Jimena, Manolo. También los que no pudieron estar en Nueva York pero les tenemos presentes siempre: Raúl, Sonia y Antonio. Y a los capitanes de la aventura: Juan Carlos Higuero y Miguel Ángel Muñoz. Sin olvidarme cómo no, a todos mis chic@s de Corre Con Nosotros, que estuvieron animando en la distancia. Como mi familia, mi madre y Amaya siempre preocupadas. Sobre todo a Javi por ser mi guía, sombra y animador en todo el proceso de maratón.

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Nos vemos en la próxima!!

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Volando hacia el sueño americano

2 de noviembre de 2017. Aeropuerto de Barajas. A las 16:30 partía el avión fletado para cumplir mi sueño, y el del resto de mis compañeros Valientes: El maratón de Nueva 

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York. Las mochilas repletas de ilusión, de ropa de la que desprendernos en Verrazano, para cubrir nuestro cuerpo de un dulce sufrimiento y llenar las piernas de kilómetros. Sin incidencias, pero con la grata sorpresa de encontrarme en las nubes con la encantadora Sonia, comenzamos a surcar el Atlántico para aterrizar en Nueva York.

Como si del día de la marmota se tratase, las mañanas previas a la gran cita amanecían con la misma secuencia: despertar pronto bajo los efectos del cambio horario, salir a correr con Jimena y Javi a horas en las que en Madrid me resultaría casi impensable. Dirigir nuestras zancadas, contenidas por la emoción, para llegar a Central Park. Fugaces saludos a la carrera con caras conocidas como Paco y Nerea. Parada frente a la meta a inmortalizar el momento, en teoría, pese a las pocas horas de sueño, con mejor cara que el día de la carrera. Creo tampoco se podía, pero por si acaso, tampoco nos planteamos cruzar el arco de la milla 26 y poco, no fuera a volverse en contra la suerte.

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El domingo, los caprichos de la convención para atrasar los relojes, hizo que pudiésemos disfrutar de una hora más en los brazos de Morfeo, o al menos, intentar acercarnos a su vera, pues la noche anterior no se caracteriza por un profundo sueño, más bien lo contrario. Poco antes de las 5:00 de la mañana ya estábamos en pie. Ligero desayuno, y sin perder minuto recoger lo imprescindible para la salida.

TCS NYC marathon tiene la complejidad de tener los puntos de meta y salida bastante equidistantes, con el añadido de esta última estar situado sobre el puente Verrazano, que une Staten Island con Brooklyn. Con lo que la llegada a este emplazamiento se tiene que hacer con muchísima antelación, esto es, como poco 2 horas antes en el mejor de los casos. Este fue el único momento “crítico” que recuerdo, el atasco cuando nos dirigíamos a Ford Wadsworth, condimentado con un pequeño rodeo de nuestro autobús que nos retraso unos cuantos minutos, hizo que la angustia, mezclada con una buena dosis de nerviosismo, se apoderara de mí y llegara a pensar que no llegaríamos en hora a la entrada de nuestro corral.

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El frío que pudiéramos sufrir, durante la espera, a principios de Noviembre con la conjunción de las gélidas aguas como termostato, era casi lo que más me asustaba de este Majors. Ataviados cual cebollas, con ropa vieja muchas veces sin ningún tipo de criterio para su conjunción, Ford Wadsworth parecía un desfile de corredores de los años 80 y personas con pocos recursos. Pero, mejor calientes que elegantes. Todo lo que lleváramos de más se quedaría allí para la beneficiencia.

El grupo se disgregó al llegar al recinto de salida. Fotos de despedida y buenos deseos. Javi y yo nos manteníamos unidos, buscando la entrada al corral azul. Sentándonos unos minutos para descansar las piernas hasta la hora de pasar al puente. Allí fue grato encontrarnos con Javi Moro y Oskar Díez, juntos escuchar el himno americano y el cañonazo de salida.

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A correr!! continuará….

Maratón de Madrid. 42 kilómetros de ilusiones

2016 terminó de manera agridulce en cuanto a resultados deportivos se refiere, una tónica que no veía mejorar en un futuro cercano. Carente de objetivos ilusionantes cercanos. Debía tomar cartas en el asunto y redireccionar mis zancadas hacia una meta. El 1 de Enero me levanté y puse las miras en el Maratón de Madrid. Pero las cosas en los meses siguientes no acompañaron demasiado y los sinsabores se prodigaron más que las alegrías. Tras tantos años de kilómetros en mis piernas, reconozco mi cansancio, tanto físico como mental, decidí que correr no me podía suponer más disgustos innecesarios. Es por ello que quise enfocar la distancia de Filípides sin exigencias, sólo con las ganas de vivir y disfrutar de cruzar la meta en la ciudad que me vió nacer y crecer.

El entrenamiento de estos meses ha sido todo lo contrario al de otras ocasiones donde el reloj, los ritmos, el sufrimiento marcaban el día a día de la preparación. Esta vez, me he olvidado de esa lucha conmigo misma y me he centrado en disfrutar en cada sesión. Con menos kilómetros e intensidad de lo habitual. Llegaba a la cita capacitada para realizar  largos esfuerzos pero no suficientemente preparada para hacer frente a los 42 kilómetros.

La mañana  amanecía soleada, pero 2 nubarrones negros amenazaban mi mente. Mis preocupaciones se centraban en un dolor intenso de metatarso en los días que las sesiones se prolongaban por encima de los 15 kilómetros contínuos, que me impedía proseguir la marcha durante mucho más tiempo. Y no menos importante, la falta de saber gestionar y aguantar el sufrimiento. Era consciente que ambos temores aparecerían, no sabía cuándo ni si sabría capearlos. Por otra parte, tener a Javi a mi lado, me tranquilizaba, su compañía siempre es un aliciente para mí, me anima, guía y exige.

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Foto: Pepe Campos

Como manda los cánones de las competiciones importantes, desayunamos 3 horas antes, y aunque apuramos más de lo habitual, a las 8 de la mañana cogimos la moto y nos pusimos en camino. Aquí empezaron los contratiempos, nos encontramos la calle Bravo Murillo cortada, llegar a la salida se complicaba. Supimos mantener la calma y buscar alternativas. Breve calentamiento, y listos para afrontar los 42 kilómetros.

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Foto: Jesús Carrero

Aunque disfrutar y acabar la prueba era el objetivo que sobresalía por encima del tiempo, habíamos tomado de referencia el tope de las 3 horas para marcar el ritmo. La estrategia era subir Castellana no mucho más rápido de 4:15 el kilómetro, sabiendo que era muy posible que las primeras zancadas se dispararan algo más veloces. Luego intentar incrementar un poco el paso en los terrenos favorables y mantener el tipo en las subidas. Creo que como máquinas de precisión clavamos nuestros propósitos. Disfrutando de cada metro, sin parar de oír mi nombre en cada esquina, e incluso a muchos de los corredores que me sobrepasaban. Durante los 13 primeros kilómetros compartimos circuito con los participantes de la media, me ayudó mucho seguir la camiseta de Corre Con Nosotros de Jose Cobos, que nos paso como una exhalación en los primeros compases y luego cada vez le teníamos más cerca.

Para mí uno de los momentos más emotivos de la mañana fue vislumbrar a mis sobrinas animando, pancarta y cencerro en mano, en la zona de Gran Vía, ver correr a Ariadna por detrás del público a mi par por unos metros casi hace se me salten las lágrimas.

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Las sensaciones eran buenas, el ritmo perfecto, sólo me atormentaba mi vejiga, que pedía ser vaciada desde salida. En plaza Castilla deseché la idea de parar a silenciar mi tormento, era demasiado pronto. Hasta poco antes de la media maratón no ví los siguientes baños portátiles, momento en que hicimos una parada rápida. Ya liberada proseguimos la marcha, pero mis pies, a esas alturas ya empezaban a arder, los metatarsos sentían clavar puñales en cada apoyo. Necesitaba parar de nuevo. Nada más tomar Avenida de Valladolid me senté en la acera, me despojé de zapatillas y calcetines y me desprendí de unas almohadillas ortopédicas que me había puesto.

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En los kilómetros siguientes todo fue a peor, nos adelantó y vimos alejarse en el horizonte al globo de las 3 horas. Hasta esos compases, aunque de manera anecdótica, seguía liderando la prueba popular en categoría femenina, pero al entrar en la Casa de Campo, perdí también esa posición. Me hundí física y moralmente, las ganas de abandonar eran cada vez más fuertes y no hacía más que preguntar a Javi cuando nos parábamos. El me contestaba: en el lago. Lo rodeamos, nos alejamos, y volvimos a el, pero no nos deteníamos. A míster duatlón, parar en el 24 le pasó factura muscularmente, la salida de la Casa de Campo fue crucial para él, un calvario para sus cuadríceps. Yo daba por hecho que mi aventura iba a finalizar, por lo que le pedí no siguiera sufriendo. Por inercia y los ánimos de mis hermanas, Amaya y Yolanda, acompañadas por Irene, seguí mi marcha, mis propósitos se cernían en avanzar kilómetro a kilómetro.

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Nuevo plan de acción: Tenía que lidiar con el segundo gran temor, la falta de entrenamiento del sufrimiento. Descontar metros, fragmentar lo que me quedaba, corriendo entre los avituallamientos y andando al llegar a ellos mientras me hidrataba correctamente, sin prisas ni sobresaltos. Sólo pensaba en ver a mis sobrinas por segunda vez, necesitaba sentir sus ánimos, la única energía capaz de resucitarme en esos momentos, y aunque estaban, no las ví. Recuerdo los ánimos de Manolo, Fran, Gándara, de los Drinkingrunners, con mis chicas Marta, María y Raquel, gritando como si no hubiera un mañana. Y seguir avanzando poco a poco hasta la meta. Cuando enfilé Príncipe de Vergara supe que lo conseguiría, de repente, como si se tratara de un último aliento, mis piernas volvieron a carburar, no era un ritmo frenético, pero sí mayor que los pasados.

Un pie en El Retiro, un kilómetro para acariciar mi momento de gloria personal. Alcanzar un sueño hecho realidad gracias a todos los que alimentasteis mi esfuerzo, acompañasteis en el sufrimiento y aguantasteis mis dudas en este día y los que precedieron. Crucé la meta de la 40º edición del maratón de Madrid en 3 horas 7 minutos 56 segundos. Anecdóticamente fui la octava de la general, segunda europea y primera española y madrileña. Pero sobre todo feliz de haber conseguido terminar venciéndome a mí misma.

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Corre, comparte y disfruta

Comparte y disfruta. Simple y sencillo, poco más se necesita para ser feliz con la persona/as a la que quieres . Y lo demás, casi diría que está de más. El amor no lo sustentan las cosas materiales, está en los segundos que pasan cuando estás al lado de quién eliges.

Tan individual como correr y tan gratificante hacerlo en pareja. Por enésima vez, reconozco, que uno de mis mayores deseos, ya hecho realidad, es cruzar la meta de un maratón con Javi. Pero antes de alcanzar esa línea final, son muchos los kilómetros compartidos, esfuerzo, sufrimiento, alegrías y recompensas podrían ser los sustratos que avituallan nuestras acompasadas zancadas. No exentas, claro está, de alguna desavenencia, porqué mister duatlón, además de ser mi fiel compañero es el más cruel de los jueces y sargentos. En más de una ocasión, cuando mis fuerzas han flaqueado y mi cabeza ha detenido a las piernas. Javi me grita sin compasión para seguir, abandonar para él no es una opción. Aún con todo, correr nos une. Y no necesito un día especial para celebrar un sentimiento.

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Haz que cada momento sea especial. Aunque lo sencillo sea lo fundamental, siempre se puede “aderezar” escapando de la rutina. Eso fue lo que pensé el otro día cuando de repente, y por sorpresa, recibí un regalo de SaludBox. Un pequeño y cuidado paquete para celebrar San Valentín que contenía mucho más de lo que imaginaba: una experiencia wonderbox a elegir entre un variado abanico de actividades, acompañado de un paquete de chicles Amore. ¡La combinación perfecta para disfrutar en pareja!

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Para quienes no los conozcan, los chicles Amore pertenecen a la gama de productos masticables de SaludBox, de absorción sublingual, que favorecen la absorción, de una manera efectiva para el organismo y cómoda para su ingesta. Amore, posee como principal principio activo la maca, que es un tubérculo procedente de los Andes de Perú, con un potente poder afrodisíaco, aumentando la líbido. Como deportistas, junto con la arginina, otro gran conocido para nosotros, nos ayuda a reducir el cansancio y aumentar la vitalidad. Para las mujeres, también puede ser usada como regulador de hormonas y ciclos menstruales.

Lo dicho, el plan perfecto para hacer un día especial con tu pareja disfrutando de cada instante: carrera, experiencias diferentes y unos chicles Amore en el bolsillo.

La Peineta, un recuerdo atlético

En unos meses, Madrid se volverá a vestir de gala para re-inaugurar lo que en su tiempo fue el recinto de peregrinación hacia los sueños de muchos atletas. La Peineta o el futuro nuevo coliseo del Atlético de Madrid, abrirá sus puertas reconvertido en un mega estadio con la capacidad y peculiaridades a la altura de los mejores espacio del balompié.

Pero para cuando eso suceda, mis recuerdos y los de otros muchos atletas, y ex-compañeros de fatigas, quedarán sepultados bajo la alfombra verde en la que años atrás se encontraba el sintético naranja que tanto nos hizo disfrutar y sufrir.

No podría precisar si fue en diciembre de 1994 o a principios de enero de 1995 cuando nos dirigimos por primera vez, Amaya y la que escribe, a las instalaciones de La Peineta. Con unas zapatillas de clavos recién comprados (las recomendaciones de no estrenar nada el día de la competición llegaron después), dispuestas a participar en una competición de salto de longitud. Por extraño que parezca, nunca previamente habíamos practicado tal disciplina, sólo días antes realizamos unos ejercicios de multisaltos por los que nos incitaron acudir a las pruebas. De todos los intentos de los que disponíamos, en tan sólo uno y por los pelos, conseguí salvar los 3 metros que separaban la tabla de la arena.

Ese año fueron muchos y variados nuestros paseos. Con una amplia gama de distancias a elegir. Desde los 100 metros a los 10 kilómetros. Por aquel entonces, y por descabellado que resulte ahora, en la categoría junior se corrían 10.000 metros en pista. Para mí, fueron el impulso para mejorar atléticamente. En el club que militaba, me propusieron correr las 25 vueltas y así, asistir al campeonato de España que se celebraba en Castellón, era una oferta irrechazable, a mis 17 años eso se traducía en 3 días con los gastos pagados conviviendo con otros atletas. No me lo pensé 2 veces, aunque tuve que hacer 2 intentos para conseguirlo. El primero en Alcorcón y la segunda tentativa en una casi vacía Peineta, sólo arropada por los ánimos de los jueces y un par de marchadores que nos precedieron.

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10km. Castellón 1995 (perdonar la calidad de la imagen 😉 ).

A la vuelta de Castellón, de nuevo fuimos a pasar una tarde, nunca mejor dicho, a las instalaciones de las Rosas. Amaya tenía pensado correr 100 metros y yo creo que 1500 u 800. Estando allí le dijeron que si se apuntaba al 10.000 entraría en el ranking junior del año. No sabíamos ni qué era eso, pero intuíamos sería bueno. Y allá que se puso, por caridad familiar o para no aburrirme mientras, la acompañé en su solitaria y oscura andanza alrededor del óvalo. Ni que decir, que tras 100 vueltas en el sintético en una misma temporada no volví, ni pienso hacerlo una vez más.

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Pero no sólo corrimos en el emblemático estadio. También hicimos labores de voluntarias. El campeonato de España absoluto se celebró en 1995 en La Peineta, congregando a las estrellas de una época dorada del atletismo español. Inolvidable para nosotras la foto del podium del 1500 metros masculino con un imponente Fermín Cacho, escoltado por Isaac Viciosa y Mateo Cañellas. O el año siguiente cuando la super liga aterrizó en Madrid, y de nuevo, nosotras fascinadas viendo como entrenaban y la cercanía con los grandes atletas europeos y nacionales, una especie de super héroes con figura humana. Nombres ilustres como Fermín Cacho, Julia Vaquero o el jovencísimo Roberto Parra, toda una figura sólo unos años mayor que nosotras.

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Podría seguir escribiendo historias bajo el mismo escenario, recuerdos imborrables que posiblemente, cuando por televisión la euforia atlética festeje los éxitos de su equipo, humedezcan mis ojos, al igual que el de otros muchos que por allí fueron a pelear por sus sueños.

Running Terapia

A estas alturas de nuestra existencia, de toda la información que recibimos, es por todos conocidos los beneficios de la actividad física. Nadie pone en duda el poder de prevención del ejercicio sobre determinadas patologías. Pero más allá de la profilaxis está también la fuerza terapéutica del movimiento. Que lo diga yo que llevo más de 20 años corriendo puede restar credibilidad a mis palabras, para que ello no suceda, he pedido a la médico Paloma Cano y a la psicóloga Ingrid Pistono nos hablen del ejercicio como terapia o como digo yo: #RunningTerapia.

Ambas especialistas coinciden en resaltar las funciones de las endorfinas segregadas en el ejercicio. Tanto es así que Paloma nos cuenta como “estas sustancias químicas intervienen en el control del dolor. A la vez que favorecen el estado de ánimo, por lo que son especialmente beneficiosas en personas con depresión y ansiedad.  

Por otra parte, correr es un fantástico aliado para el control del peso ya que tiene una relación directa con la insulina, hormona protagonista en la regulación de la glucosa y de la ganancia de peso. También actúa disminuyendo la presión arterial y aumentando el HDL, que es el colesterol bueno y, por tanto, actuando sobre los factores de riesgo cardiovascular. Tanto es así que se ha publicado un estudio donde han comparado las coronarias de mujeres que corren maratones frente a las que no realizan ejercicio y se demuestra claramente, que las arterias de las mujeres que corren tienen menos placas de colesterol. A nivel del corazón aumenta el tamaño de los ventrículos y de las aurículas, y también hace que nuestras arterias coronarias sean más numerosas, favoreciendo el riego del corazón.

¿Y qué ocurre con nuestros huesos?  Al correr aumenta la densidad de nuestros huesos y por lo tanto se fortalecen,  disminuyendo el riesgo de osteoporosis. Este beneficio se ve aumentado en deportes de impacto estando a la cabeza el judo y el running”.

Vía @72kilos

Foto vía @72kilos

A Ingrid le pedí me diera su punto de vista de psicóloga, aunque ella insiste que las mejoras son generales porque estadio físico y psíquico son inseparables. Y añade, que: el deporte en general es motivo de liberación, de generación de endorfinas y nos ayuda a sentirnos mejor. Salir a correr reduce el estrés, mientras rodamos liberamos tensiones, la respiración acompasada nos ayuda a calmarnos, al concentramos en nuestros pasos, la mente se relaja y podemos pensar de manera más objetiva.

Corriendo nuestro ánimo mejora y somos capaces de ver más opciones para tratar de resolver las situaciones del día a día. Una salida de media hora, ayuda a mejorar nuestro estado físico pero también es un tiempo que nos concedemos para cuidarnos y para reflexionar.

vía Revista run online

vía Revista run online

Al correr aliviamos la fatiga mental, si lo hacemos con regularidad, también incrementará nuestra autoestima. No es necesario conseguir un cuerpo perfectamente definido, la rutina mejorará nuestra apariencia y también nos hará más fuertes. Nos sentiremos mejor y tendremos una percepción más positiva sobre nuestra imagen”.

Hace muchos años, tuve un entrenador – Jose Luis Calvo – al que “lloriqueaba” cada mes con mis dolores menstruales, él muy tajante e inamovible en sus mandatos me decía: “ponte a correr, que cuando lleves un rato ya te dolerá otra cosa” y lo cierto es que funcionaba; el movimiento era un perfecto analgésico para mis ovarios, tal vez, como ha explicado Paloma por la intervención sobre el dolor de las endorfinas.

Por eso, y porqué cuando salgo a correr con preocupaciones, parece que las pierdo según avanzan los kilómetros he acuñado el término de #RunningTerapia que a tenor de lo que nos cuentan las expertas tiene su base científica. Ahora, si te preguntan por qué corres, puedes añadir a tu lista de explicaciones: es mi medicina.

Otoño de vacaciones deportivas

El bajón post-vacacional, con otras vacaciones se quita.Sí!! Aunque a veces sea doloroso, todo se acaba. Pero antes de acomodarnos en nuestra pena y añoranza, tenemos la opción de mirar hacia delante y buscar otras alternativas o excusas para salir de la ciudad o nuestro lugar habitual y volar hacia sitios lejanos. Os voy a proponer pretextos deportivo-vacacionales que difícilmente podréis rechazar.

La primera etapa pasa por Ibiza el 8 y 9 de octubre. Si bien es cierto que otros años el Día del Pilar está mejor ubicado y cercano al fin de semana, tampoco nos va a echar atrás que en esta ocasión no sea así, y para quienes puedan cogerse unos días de asueto, disfrutar unos días más de la isla. La vuelta cicloturista a Ibiza campagnolo 2016. Consta de 2 etapas asequibles a todo aquel cuya pasión sean las 2 ruedas. Para abrir boca, el sábado se desayuna sobre 110 kilómetros con un desnivel acumulado de 2000 metros. A pesar de ser cicloturista, tienes la opción de expriibiza-trailmirte más y sacar tu vena competitiva con 2 tramos cronometrados. El domingo, el programa es algo más breve, casi 64 kilómetros que con salida y meta en San Rafael discurre en un circuito, al que dar 3 vueltas, entre Santa Agnes y Sant Mateu. Pedaleando descubrirás los encantos desconocidos de una isla maravillosa.

Sin salir de Ibiza, o con vuelo de ida y vuelta mejor dicho. Regresamos el 30 de octubre para correr Ibiza trail marathon. Con distancias aptas para todos los gustos y posibilidades, pero con los platos fuertes, de 10 kilómetros, media maratón y maratón, sin perder la esencia de un trail en estado puro. No os confiéis, que sus recorridos sean casi al borde del mar no quita dureza al trazado, si acaso, los 10.000 metros son los menos exigentes y adecuados a los recién iniciados. No en vano, los 42 kilómetros muestran un desnivel positivo de 2012 metros. El mayor dilema del corredor será no trastabillarse mientras pierde la mirada en los infinitos paisajes que funde el azul marino con los tonos verdosos de los pinares.

De isla a isla sin pisar la península. Del mediterráneo al Atlántico, de la montaña al asfalto en apenas 1 semana. El 6 de noviembre, la maratón de Tenerife, muestra a los corredores una guía turística de Santa Cruz a golpe de zapatilla, sin olvidar su vinculación marítima. También en 3 distancias desde el maratón a los 8 kilómetros. Todas ellas con el nexo común de la ciudad como punto de partida, comparten los 8.000 primeros metros, momento en el que se separan, y los corredores de largo aliento se dirigen hacia la punta del Valle de San Andres para volver tras sus pasos con la compañía incondicional del Océano infinito.

¡Lánzate a por un otoño turístico deportivo! Podrás tener muchos motivos, pero no será la falta de atractivas opciones la que frenen nuestras zancadas.